"And remember, no matter where
you go, there you are"
Las aventuras de Buckaroo Banzai a través de la octava dimensión
Guión: Earl Mac Rauch
Dirección: W.D.
Richter
1984
- ¿Preguntaste por mi?
-Si- ¿Cuántos años han pasado? ¿Treinta?
-Todo el que pregunta por mi muere pronto. Por eso vine
enseguida.
- … yaaaa… y: ¿Qué obra pretendes hacer con mi persona?
- La que te adelanté por correo: un video en donde tú me
respondas:
“ Si pudieras tener la certeza de tu fin inminente: ¿Cuál
sería tu último gesto?”
-…y vienes luego de treinta años a que te responda una
pregunta tan re culiada…
Cuéntame más…
Nunca hice el video. Nunca tendré esa respuesta.
Pero no era el primer profesor de la Facultad de Artes de la
Universidad de Chile, que había preguntado por mí, y, que cumplió el designio.
César Osorio murió sin despedirse pero pensándome. Uno hace presente a los que
estima.
Su humor, sus enseñanzas y sus valores formaron en parte, al que escribe estas
palabras.
Como a muchos, no me
gustan las despedidas; pero esta vez, es, ineludible.
El motor de búsqueda más conocido de la Tierra me lleva al
sitio web de la Facultad, a una entrevista transcrita a partir
de un archivo de audio adjunto. El texto es acompañado de fotos pequeñas del
difunto, de algunos de sus dibujos y de
una invitación a un acto de despedida dirigido a la comunidad académica.
“El oído no tiene párpado”- sentencia la cineasta
argentina Lucrecia Martel.
Escuchar a César
nuevamente es, como en todo registro documental, un ejercicio de
reconstrucción.
Y lo reconstruido es ficcional.
Sus muletillas, pausas y omisiones, la pista de un suspenso
neto. Su timbre. Su firma sonora.
El oído, incapaz de protegerse, despliega su arsenal.
En un cine ruinoso. En la sala de proyección del recuerdo, la
óptica del proyector es imprecisa y el proyeccionista es siempre novato.
Elegí a César como el profesor guía de mi memoria.
Su método de corrección consistía en hojear tres tomos de la revista Zig-Zag
ilustrada de 1909 y fotonovelas chilenas de los sesentas. Los ajustes al
borrador de mi tésis se deslizaban en el entre líneas del análisis formal y el campo de
relato de un editor acucioso. Como todo autor de género negro, César, era un
costumbrista, connotaba las estructuras de articulación del tejido social, sus
ritos y sus ritmos.
Un abrazo imposible desde esta roca que me aloja.
Hugo.
- Bueno señorita, yo le voy a hacer una introducción...
El problema es que yo nací acá.
En la Escuela de Artes Aplicadas que era de la Universidad de Chile. Es una Escuela que partió, bueno, como en los años 50 y yo ingresé a la Escuela de Artes Aplicadas en los años 60. Esa fue una muy buena
Escuela. Era un abrazo de la Universidad de Chile con su pueblo.
- Cáchese con la deferencia que hablo, era un abrazo gratuito.
Ahí uno se mete en una
situación en que se empapa de lo que era la Universidad de Chile,
porque primero: era gratis,
segundo: estaban mis vecinas,
mis vecinos estudiando conmigo ahí,
absolutamente gratis, nunca pagamos ninguna cosa y ahí empezó nuestra
manera de ver el arte.
- Yo llegaba ahí en el tranvía.
(...por eso me interesa lo que dice Don Rodrigo, que está utilizando sus años, casi 50,
que no los representa, como para dar cuenta de una historia del cinerama).
Nosotros llegábamos en tranvías, con ruedas de fierro.
-¿Usted no los conoció?
-“No”.
-Con ruedas de fierro que funcionaban con corriente y bajaban y subían por Avenida
Matta. Avenida Matta bajaba hacia el Parque Cousiño, que se llama ... ahora O’Higgins, y después subía por Vicuña Mackenna.



